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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 028 (27)
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Salmo 28

Me impresiona el descubrir, -una vez más-, que el corazón humano, a través de la historia de la humanidad, ha llorado y suplicado a ese Ser Superior, a ese Dios, y es que sólo en Él encuentra la defensa, el único refugio. A esto me suena -¡y… mucho!-, este Salmo 28.

Aquí, el orante enfermo vuelve su mirada y levanta sus manos hacia Dios. Todos, en su entorno, le señalan con el dedo, porque “piensan” que esa enfermedad es consecuencia de algún “pecado oculto”. De ahí, el menosprecio que siente el enfermo y no le queda otro refugio que el de su Dios, a quien se dirige con todo su ser, porque él, el enfermo, cree en ese Dios de la Alianza, que siempre ESCUCHA la plegaria del corazón sincero.

Y, efectivamente, ahí vuelvo a descubrir cómo el ROSTRO de Dios se hace presente, hasta el punto de sentirle de nuevo como “mi fuerza y mi escudo”. Me emociona descubrir que el orante ha encontrado la paz y la serenidad y que él está seguro que le viene de ese Dios, compañero y aliado de Israel. Profunda experiencia de fe y de confianza en ese Dios, que en ocasiones parece que está ausente y hace silencio.

Sin duda, yo siento que este Salmo tiene que pasar por el “filtro” de Jesús y de su acción, que es una actividad y una misión de cercanía y de liberación total. Creo que es desde Jesús desde donde queda iluminada la súplica del enfermo de este Salmo. A esto me invita, -y además de forma profunda-, esta plegaria que a lo largo de la historia ha servido para ABRIR el CORAZÓN a ese Dios de la Alianza.

Me quedo con esas palabras del orante: “El Señor es mi fuerza y mi escudo, en él confía mi corazón…”. Y me interrogo: ¿qué tipo de eco tendrían estas palabras en los labios y en el corazón del Maestro de Nazaret? Me gustaría poderlo vivir como Él lo vivió. ¡Intensa y profunda propuesta para mi vida! ¡Sin duda… un DESAFÍO!

Esteban

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