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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 035 (34)
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Salmo 35

¡Qué mezcla de sentimientos he experimentado al rezar y meditar con este Salmo; al descubrir las CLAVES que encierra; al meditar en el dolor del salmista! Y es que sentía un “parecido” tan real y cercano con tantas situaciones terribles que, cada día, nos llegan a través de los medios de comunicación, un día sí y otro también. ¡Cuántos hombres y mujeres de nuestros días podrían hacer suya esta oración-plegaria!

Pero… ahí dentro, en el fondo, se descubre una CONVICCIÓN profunda y vital del orante: Dios no abandona a sus fieles; al contrario, como en los tiempos de la esclavitud de Egipto y su liberación, Dios seguirá estando presente, y además como salvador, en medio de su pueblo, de cuantos recurren a Él. Esto me dice su súplica: “Señor, ¿quién como tú, que libraste al débil del más fuerte, y al pobre e indigente de su explotador?” (v. 10b). ¡Es la convicción del orante!

Pero, especialmente, este Salmo me pone ante los ojos el retrato de Jesús, el Maestro de Nazaret. ¡Le siento cercano y presente…! No lo puedo evitar. Y es que estoy convencido de que su oración tuvo que tener “tintes” similares a los que se reflejan en esta hermosa plegaria. Algo que el mismo Jesús lo experimentó en su propia carne, y algo que, ante situaciones similares, él no quedó indiferente, ni con los brazos cruzados, como si nada ocurriera.

Al orar y meditar en este Salmo, le “veo” -de forma viva y directa- al Maestro de Nazaret. Aún recuerdo el evangelio del domingo pasado: “Venid vosotros solos, a un lugar tranquilo a descansar un poco…” (Mc 6, 21). Pero, al momento siguiente, se nos recuerda este otro dato: “Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma” (Mc 6, 34). Así es él, capaz de poner en práctica los deseos y los proyectos del Dios Padre, preocupado por sus hijos indefensos. ¡Qué “lección”, Dios mío!

Orar CON y POR los que hoy, en este mundo nuestro, viven situaciones similares, y SOLIDARIZARNOS con ellos/as con los medios a nuestro alcance, para así “parecernos” al Maestro de Nazaret y ponerme en sintonía con los deseos más profundos y preferidos de Dios… ¡todo un DESAFÍO!

¿Te animas, hermano/a?

Esteban

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