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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 062 (61)
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Salmo 62

Al leer nuevamente este Salmo-plegaria, al reflexionar sobre él y “rumiarlo” en mi interior, me surge el profundo sentimiento de que merece la pena CONFIAR en Dios, como invita el Salmista-orante. Y es que… ese “sólo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar: nunca vacilaré”, me “agarra” por dentro y me envuelve en esa hermosa experiencia y sensación de paz y de serenidad. De ahí que siento que… ¡vale la pena confiar en Dios!

Pero esta sensación no es algo fuera de la realidad, algo etéreo. No. Las dificultades del Salmista-orante están ahí, vivas y presentes: ha sido traicionado y, ahora, le quieren derribar; incluso, aparentemente, los enemigos son muchos y más fuertes que él. Pero… la experiencia de fondo del orante está ahí, en su profundidad e interior, y esa experiencia es más fuerte que todos los conflictos y situaciones límite que se le presentan. Tanto es así que el Salmista-orante se siente con fuerzas para realizar toda una catequesis sobre la confianza: “Pueblo de Dios, confía en él en cualquier situación, desahoga tu corazón en su presencia, porque Dios es nuestro refugio” (v. 9). ¡Hermosa confesión de fe!

De ahí que el ROSTRO de Dios que vive y me presenta el Salmista-orante es algo muy HERMOSO: “roca”, “salvación”, “alcázar”… son sus notas. Es un Dios que hace justicia y defiende la fama de quien confía en él. ¿Qué más se puede pedir? Y es que ni el poder, ni las riquezas ni las artimañas de los opresores podrán ante esta presencia salvadora de Dios. De ahí que es, no sólo posible, sino necesario, CONFIAR en este Dios que hace justicia en favor de los más débiles y marginados.

Está claro: una vez más, las RAÍCES de esta convicción están en la experiencia vivida a través de la historia como Pueblo y la Alianza sellada con ese Dios liberador, que sigue empeñado a llevar a cabo su PROYECTO de VIDA. En esto confía el Salmista-orante e invita a sus oyentes a que realicen esa misma experiencia. ¡Aquí está el secreto!

Tras escucharle al Salmista-orante y volver mi mirada al Maestro de Nazaret, noto y acojo con enorme gozo, que él me invita -con las palabras y con su estilo de vida- que realmente merece la pena vivir CONFIANDO en el Dios-Padre, de quien él se siente su “Hijo amado y predilecto”. He aquí que Jesús de Nazaret me vuelve a insistir que realmente merece la pena vivir confiando en Dios, porque Él nunca falla ni defrauda a quienes esperan en su amor.

Al final, me quedo con ese breve comentario del autor de las notas, donde dice: “No se trata de una confianza sin consecuencias (confiar sin tener nada que hacer), sino más bien, de confiar actuando y de caminar confiando”. No se me invita, pues, a la pasividad ni nada por el estilo. “Caminar confiando” siento que es todo un estilo de vida. ¡Nada menos!

¡Gracias, hermano Salmista-orante, por abrirme y ofrecerme a este Dios, en quien merece la pena seguir confiando y, en su nombre, CAMINANDO! ¡Eskerrik asko de corazón por tu testimonio!

Esteban

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