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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 078 (77)
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Salmo 78

Me impresiona sentir -de forma viva- la historia de pueblo de Israel y cómo el Salmista-orante me la ofrece para APRENDER de ese caminar y es que la PROPIA historia es todo una ESCUELA de aprendizaje, al menos cuando se sabe “mirar” con un corazón limpio, queriendo descubrir lo allí vivido y experimentado. ¡Inmensa LECCIÓN a aprender!

En este caso, el Salmista contempla los acontecimientos del pasado, ya que constituyen toda una ESCUELA. Y es que evitando los errores de los antepasados y acogiendo aquello de bueno que hicieron, seguro que hoy este pueblo será más fiel y, por eso mismo, más feliz en este momento concreto. De ahí que esta visión de la historia viene a ser una “parábola” que ayuda a entender el presente y, cómo no, ayuda a descubrir la llave que abre las puertas de la felicidad. Así, pues, aprender de los errores y mejorar lo que ya era bueno… ¡es la propuesta de esta mirada histórica! Así lo siento este Salmo que hoy tengo delante.

Y… ¿qué descubre el Salmista en esa historia? Por un lado, las infidelidades del pueblo, que no termina de descubrir los gestos de fidelidad de Dios para con él, los grandes portentos que realiza y que, por eso mismo, se aleja de Dios tan fácilmente. Pero, por otro lado, el Salmista recoge y ofrece las inmensas GESTAS que ese Dios realiza en favor de Israel, y eso a pesar de las infidelidades de este pueblo elegido y mimado. De ahí que el Salmista anime, a los que le escuchan, a tomar conciencia de esa HISTORIA y corresponder de forma positiva a las acciones de Dios en su favor.

Está claro y tomo conciencia de ello: la historia es la MAESTRA de la vida y me enseña a vivir con “sabiduría”, contemplando lo que me ofrece ese pasado, para aprender así de los aciertos, pero también de los errores que los demás han cometido y que quedan ahí como “marcas” en la vida y que tanto daño provocan.

Me encuentro con muchas frases que me “tocan” el corazón y me conmueven con vistas a mi propia vida: “Escucha mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi vida…!” (v. 1); “lo que oímos y aprendimos, lo que nos contaron nuestros padres, no lo ocultaremos a sus hijos…” (v. 3-4); “Para que pongan en Dios su confianza, no olviden las acciones de Dios…” (v. 7); pero también: “Su corazón no era sincero con Dios, no eran fieles a su Alianza…” (v. 37); “Cuántas veces lo afrentaron en el desierto y lo ofendieron…” (v. 40)… Todas esas expresiones y más, me “hablan” de una PROFUNDA EXPERIENCIA, de esas que “marcan” una vida, y que creo que este Salmo-plegaria recoge de una forma clara y rotunda.

Y… ¡cómo no! Como cada vez que me acerco a un Salmo y miro al Maestro de Nazaret, descubro que Él ilumina, de manera especial esa plegaria y la “entrañas” de la misma. Sólo el pensar que Él, Jesús, oró con esa misma plegaria y que descubrió la historia de sus antepasados y que, con su vida y con su estilo, quiere llevar a plenitud LO MEJOR de esa historia… ¡me emociona y me ilusiona! Y es que Él se ENCARNÓ en esa historia de luces y de sombras, pero, con su vida y su entrega hasta el final, saca a relucir lo mejor de ella.

Aquí dejo mi reflexión. Recojo lo que el este Salmo me ofrece, hoy y aquí, y espero que me siga iluminando cada día, en cada “paso” de “mi” y de “nuestro” caminar. Que también a ti, hermana-hermano, te HABLE y te ACOMPAÑE este Dios de la VIDA. ¡Ojalá!

Esteban

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