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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 082 (81)
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Salmo 82

Descubro que hay una convicción que recorre toda la historia de Israel y, también, en sus Salmos-plegarias: Dios no es indiferente al sufrimiento de los que son marginados, débiles, pobres, necesitados y explotados o víctimas de la ambición de los poderosos, que se sienten “representantes (o algo así) de ese Dios. No. Para nada. Al contrario, Dios no se siente representado por esas personas y, aún más, va a hacer JUSTICIA contra ellos que han pervertido tanto la justicia como han desfigurado totalmente los proyectos del Dios Liberador.

El Salmista tiene una conciencia clara (desde mi punto de vista) de que Dios está profundamente comprometido con la justicia y que defiende a cuantos sufren injusticia a manos de los poderosos. Sentir eso y convertirlo en plegaria y en testimonio personal, me parece algo muy hermoso y que recoge una de las experiencias más PROFUNDAS y VITALES que tantas veces destacan los Salmos, aunque su “lenguaje” sea -en ocasiones- complicado para mí y para nosotros. Pero él, el Salmista, así lo siente, así lo descubre en la historia de su pueblo y, por eso mismo, lo recuerda siempre que sea necesario para que no se olvide nadie nunca jamás.

Esta EXPERIENCIA arranca en los inicios de la historia del Pueblo escogido por Dios, allá en el Éxodo y que seguirá acompañando a los largo de tantos momentos, aún en los más complicados. Y esa ALIANZA se mantendrá firme, incluso a pesar de las infidelidades del pueblo escogido. Me emociona volver a tomar conciencia de este hecho y de este dato, porque me hace “acercarme” a esta experiencia fundante y sobre la que sustenta todo el resto.

Es verdad que ese Dios se sirve de personas concretas para llevar a cabo esa justicia. Lo que resulta es que los jueces corruptos e injustos han echado por tierra los planes de Dios. Pero el Dios de la Alianza no es indiferente ante este hecho y se compromete a restablecer nuevamente la JUSTICIA, especialmente para con los más débiles, necesitados, humildes e indigentes (vv. 3-4). Ésta siento que es la Buena Noticia para su pueblo.

Me impresionan algunos de los versículos y la fuerza que transmiten: “Proteged al débil y al huérfano, haced justicia al pobre y necesitado, liberad al humilde y al indigente, arrancadlos de la mano de los injustos” (vv. 3-4). Éste es el plan de Dios y Él no fallará; al contrario, lo llevará adelante y buscará los medios para ello y a las personas que realicen sus planes según los deseos, los deseos de su corazón.

Y el RESUMEN del PROYECTO de este Dios Salvador, lo encuentro en JESÚS de NAZARET, aquél que es capaz de escuchar los clamores del pueblo que espera e implora la justicia. ¡Qué inmensa sensibilidad la de Jesús de cara a estas personas, tan marginadas como despreciadas por el entorno de la sociedad! A Jesús le descubro acercándose, sin miedo a quedar “manchado” por el contacto con estas personas y ofreciéndoles, -porque lo desean de corazón-, el DON de parte de Dios-Padre. Las preferencias de Jesús quedan muy claras y Él las ofrece a quienes se acercan a Él con un corazón abierto.

Por cierto, el relato que nos ofrecen los Evangelios, especialmente el del “juicio final” (Mt 25, 31-46), es impresionante, porque precisamente los pobres, los necesitados, los indigentes y débiles van a ser declarados HERMANOS de Jesús. Está muy claro en Jesús: la SOLIDARIDAD vivida va a ser el criterio de ese “juicio”. ¿Alguien da más?

¡Impresionante cuanto aquí se me (nos) ofrece! Para mi vida o para cuantos le ESCUCHEN a este Maestro, el CAMINO está bien señalizado. Así lo siento yo y, cómo no, me INTERROGA desde lo más profundo. ¡Que Él y su Espíritu me (nos) acompañe!

Esteban

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