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Taller de los Salmos:


Tus comentarios: Salmo 091 (90)
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Salmo 91

Sin ningún tipo de duda, este Salmo ENSANCHA el corazón, ayuda e ello a ilumina el camino de la vida, y eso a pesar de las enormes dificultades que están bien presentes. Éste ha sido mi sentimiento al rezarlo y al rumiar su contenido y los comentarios que se me ofrecen. Y tras leer detenidamente esos comentarios y al volver o ORAR con el Salmo, la sensación ha sido de bienestar y de seguridad. Algo que muy posiblemente sintió y experimentó el orante del mismo.

Desde el inicio, la invitación que recibe el orante y que recibo yo mismo, es realmente sugerente y que “dice” mucho: “Di al Señor: «¡Refugio mío, alcázar mío, Dios mío, confío en ti!» (v. 2). ¡Qué confesión de fe tan profunda! La invitación que se me propone es hacer del Señor ese refugio y lugar seguro. ¡Cómo lo sentiría el orante! También a mí me invita a confiar plenamente en Dios. ¡Nada menos! Es una inmensa invitación y muy a tener en cuenta.

Así, pues, el orante es invitado a seguir confiando en la FIDELIDAD de ese Dios de la Vida. Otro tanto es el eco que surge en mí. Y más cuando el orante es animado a tomar nuevamente conciencia de cuántas acciones ha realizado Dios en su favor. De ahí que es invitado a vivir lo que le ofrece el sacerdote del templo: “Porque hiciste del Señor tu refugio, y tomaste al Altísimo como defensor” (v. 9). A la fidelidad de Dios, el orante es invitado a responder con la CONFIANZA en ese Dios de la Vida. ¡Hermosa propuesta, -así lo siento también para mí-, para el caminar de cada día.

Y cuando se da esa confianza, vienen las PROMESAS de Dios, que realmente son toda una declaración de amor y de fidelidad que abarca absolutamente todo: «Yo lo libraré, porque se ha unido a mí. Lo protegeré, pues conoce mi nombre. Él me invocará y yo responderé. Con él estaré en la angustia. Lo libraré y lo glorificaré. Lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación» (vv. 14-16). Escuchar con el corazón, acoger como don, hacerlo mío y tomarlo como un regalo inmenso, aunque sea inmerecido… es la respuesta más digna de mi parte. Así lo siento y así me quiero comprometer. ¡No es para menos!

Es verdad que esas ACCIONES de Dios a favor del justo que le busca y le desea (liberar, proteger, estar con él…), me recuerdan al Dios que se hizo presente en la angustia de los israelitas sometidos a la esclavitud en Egipto, donde también se produjeron las acciones del Dios Libertador: escuchó, libró, protegió, guió e introdujo en la Tierra Prometida. Esto es: el orante es muy consciente de que su CONFIANZA tiene raíces profundas y que ese Dios NUNCA falla.

Y cuando nuevamente busco iluminar cuanto el Salmo me propone desde la persona de Jesús de Nazaret, todo adquiere su PLENITUD, ya que su estilo de vida y su mensaje me “empujan” a tomármelo en serio y como ese inmenso REGALO que Él, Jesús, el Hijo amado de ese Dios de la Vida, me lo ofrece y me lo garantiza como el PROYECTO definitivo de Dios. De ahí que cumplir la voluntad del Padre (Mt 6, 10) será la PROPUESTA que merece la pena y que el mismo Jesús lo vive de forma extraordinaria. Por eso, su tarea y misión (la de Jesús) será ofrecer ese Dios a los pecadores, a los enfermos, a los marginados y excluidos, porque éste es el DESEO de Dios.

Me quedo con este mensaje y lo quiero hacer mío y, además, profundamente, porque sentirme PROTEGIDO por ese Dios de la Vida es algo muy hermoso y que puede llenar del todo mi vida.

“¡GRACIAS, Dios y Padre nuestro, por tu FIDELIDAD que no tiene límites, lo cual me produce una seguridad profunda e ilumina toda mi vida. GRACIAS, Señor Jesús, por enseñármelo con tu vida, con tu mensaje y con tus acciones de vida. ESKERRIK ASKO!”.

Esteban

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