Escritos

CARTAS - Presentación

1. Nos encontramos ante una de las actividades intensas que llevó a cabo Pablo de la Cruz. Él mismo dice que solía escribir «20, 24 y hasta 30 cartas por semana». Se conservan relativamente pocas -unas 2.000- y la razón es que él exigía frecuentemente a sus destinatarios que las quemasen. Sabemos además de otras personas que recibieron gran cantidad de cartas, que también hicieron desaparecer: por ejemplo, Rosa Calabresi, que mantuvo correspondencia epistolar con él durante más de ocho años. Durante una grave enfermedad mandó quemarlas todas -más de 500- por no querer que los demás conocieran su contenido.

Si tenemos en cuenta el intenso ritmo de trabajo de Pablo de la Cruz -apostolado, fundación de conventos y dirección de la Congregación-, se comprende fácilmente que muchas veces tuvo que estar escribiendo hasta altas horas de la noche. Él mismo dice que muchas de ellas fueron escritas de prisa por falta de tiempo.  En otras se nota por la caligrafía. A veces le costaba mucho escribir, por sus enfermedades. Sin embargo, casi todas las cartas que se conservan son autógrafos del Fundador.

 

2. Las personas que mantenían correspondencia epistolar con él pertenecían a las más distintas esferas sociales: papas, cardenales, personas influyentes en la política y en la sociedad, gente sencilla, madres y padres de familia, jóvenes, etc... La mayor parte van dirigidas a sacerdotes y religiosos, sobre todo, a Pasionistas y monjas de vida contemplativa. Es maravilloso ver cómo sintonizaba con cada una de las situaciones concretas de sus destinatarios.

 

3. En cuanto al contenido, podríamos distinguir dos grupos: las de gobierno de la Congregación y las de dirección espiritual. La fundación de doce conventos y las múltiples aprobaciones y confirmaciones de las Reglas le obligaron a escribir numerosas cartas, aunque son más las de dirección espiritual. En éstas no se contenta con una breve información o unos consejos prácticos: con frecuencia trata exhaustivamente -a veces en tres o cuatro páginas impresas- algún tema relacionado con la vida místico-religiosa del destinatario.

 

4. El tono confidencial de muchas cartas indica la amistad y confianza que tenía con sus dirigidos. A veces abre su corazón y cuenta sus preocupaciones y trabajos, sus alegrías y experiencias positivas. El Fundador sentía necesidad de comunicarse. Esta capacidad para la comunicación interior ganaba la confianza de sus discípulos, que le descubrían toda su conciencia. Tal confianza y amistad, más que un fin, eran un medio para unir las almas más íntimamente a Dios. Como la mayor parte de las cartas que conservamos son de dirección, podemos formarnos una idea bastante exacta del pensamiento de Pablo sobre la vida espiritual. En los numerosos detalles que aparecen se reflejan los rasgos característicos de su personalidad. Tales cartas, con su fuerte colorido, son el espejo fiel de Pablo de la Cruz.

 

5. Desde el punto de vista literario no llaman la atención. Su estilo es sencillo, y las expresiones e ideas, nada escogidas. Resumiendo, podríamos decir que las casi 2.000 cartas que conservamos son la fuente principal para conocer la doctrina espiritual de san Pablo de la Cruz.

Aquí ofrecemos unas pocas muestras de estas CARTAS. No puede ser de otra forma. Para quien quiera seguir profundizando en su estudio, ofrecemos una fuente a donde poder recurrir y se recogen una selección amplia de las mismas. “Cartas y Diario Espiritual de san Pablo de la Cruz”, ediciones Pasionario, Madrid, 1968.

(Nota: una nueva selección de estas Cartas, más amplia, completa y en castellano está a punto de ser publicada)





 

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