Biografía

La senda de un Buscador

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¿QUIÉN ES ESTE HOMBRE?

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LA SENDA de un BUSCADOR

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1694: nace en Ovada

Pablo Francisco nace el 3 de enero en Ovada, a 50 kms. al noroeste de Génova. Hijo de Lucas Danei y de Ana María Massari. Es el segundo de 16 hermanos, de los cuales once mueren de niños. Nacimiento y muerte constituyen la experiencia fundamental de su familia.

Los Danei regentan un pequeño negocio de tabaco y telas, que les obliga a frecuentes cambios de residencia. Por la necesidad de encontrar un mejor ambiente para sacar adelante a la familia, Lucas y Ana María se trasladaron al pueblo de Castellazzo. Por eso Pablo no asiste con regularidad a la escuela. Pero la personalidad de su madre, que afronta con fe profunda y vital las numerosas dificultades de la vida, ejerce una gran influencia en Pablo.

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1713: primer momento crucial

Enamorado de Jesús Crucificado desde su infancia, quiso que toda su vida fuera para Él... Oyendo la predicación familiar de un sacerdote, el Señor le iluminó sobre el amor de Cristo Crucificado. Es a los 19 años cuando toma la primera gran decisión: orientar toda su existencia a Dios, consagrando su vida a Dios de un modo radical y absoluto. Él mismo llamará a este momento su “conversión a la penitencia”.

Pero... ¿en qué dirección?

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1715: búsqueda de los caminos de Dios

Cree oír la voz de Dios en la del Papa, que llama a una cruzada contra el poder turco que amenaza Venecia. Se alista voluntario, quiere morir mártir. Pero en un rato de oración, descubre que ésa no es su vocación. Y regresa a su familia.

Aunque desde 1715 Pablo está decidido a retirarse a la soledad y vivir como ermitaño, permanece cinco años más ayudando a su familia, que lo necesita.

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1720: inicia su vida de ermitaño

El Señor seguía invitándolo a la soledad. Expuso sus deseos al obispo de Alejandría, Mons. Francisco Arbóreo de Gattinara. Éste le pidió que consultara con sacerdotes prudentes y espirituales. Después de largas caminatas para cumplir este consejo, pidió al obispo que le diera un hábito distintivo de ermitaño. Mons. Gattinara accedió. Por eso, el 22 de noviembre es una fecha decisiva en su vida: se despide de su familia y recibe el hábito negro de ermitaño, de manos de su confesor, Mons. Gatinara.

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1720: una experiencia singular

Las seis semanas siguientes (23 de noviembre de 1720 al 1 de enero de 1721) transcurren en el cuarto trasero de la sacristía de San Carlos, a las afueras de Castellazzo, en las más precarias condiciones de alojamiento. Son como los ejercicios espirituales, preparatorios para su misión de ermitaño y fundador.

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1720: la gran INTUICIÓN

Pablo consigna por escrito los sentimientos y vivencias interiores de esos días en un “Diario espiritual”, donde se recogen el grado de oración alcanzado, así como las grandes líneas de la doctrina espiritual que vivirá y enseñará toda su vida. En el primer día deja escrita la idea fundamental y programática de toda su vida: “No deseo saber otra cosa, ni quiero gustar consuelo alguno; sólo deseo estar crucificado con Cristo".

En este retiro redacta también las Reglas de los “Pobres de Jesús”, su sueño de fundador.

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1721: tiempo de maduración

Concluida aquella cuarentena, sigue viviendo en soledad en las ermitas del entorno, dando catequesis a los niños en lugares vecinos e, incluso, predicaba los domingos.

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1721: un compromiso de vida

Como desde el Concilio de Trento (S. XVI) se necesitaba autorización pontificia para fundar una nueva orden, Mons. Gattinara exigió a Pablo que la obtuviera, y él emprendió el penoso viaje desde Génova. Llegado a Roma, le fue imposible que el Papa Inocencio XIII lo recibiera en audiencia. Se consoló rezando, en Santa María la Mayor, ante la imagen “Salus Populi Romani”; a sus plantas hizo el primer voto pasionista: “Dedicarse a promover en los fieles la devoción a la Pasión de Cristo y empeñarse en reunir compañeros para esta misión”.

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1722 – 1725: continúa la búsqueda

Cuando regresó a Castellazzo, se le unió su hermano Juan Bautista, compañero ya inseparable en la fundación y director espiritual hasta la muerte de éste en 1765. Decididos a llevar vida en común, los dos hermanos abandonan Castellazzo. Durante tres años cambian a diversas ermitas: primero a la de la Anunciación, en el Monte Argentario de Orbetello, y después a la de Nuestra Señora de la Cadena, de Gaeta. Vivieron pobremente, se dedicaban a la catequesis y ayudaban a la pastoral de cada zona. Viajaron más al sur, a la ciudad de Troia, cuyo obispo, Mons. Cavallieri, les aconsejó, como antes Mons. Gattinara, que fueran a Roma y pidieran permiso al Papa.

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1725: primer paso de la NUEVA Familia

Era Año Santo. Pablo y Juan Bautista quisieron ganar las indulgencias del Jubileo. Recomendados por un cardenal, aprovecharon un momento de la visita del Papa Benedicto XIII a una iglesia de Roma y le expusieron el proyecto de “Los Pobres de Jesús”. El Papa se lo autorizó “de viva voz”, sin documento escrito, y les da permiso para reunir compañeros. Se retiraron unos meses a la ermita de Nuestra Señora de la Cívita.

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1726: contacto con el dolor

Como la experiencia de vida en común con otros ermitaños en Itri no fue fructífera, los dos hermanos aceptan la invitación del cardenal Corradini para servir en Roma como enfermeros en el Hospital de San Gallicano, que se estaba construyendo; atenderían a los enfermos de tiña, tarea tan dura, que pocos resistían; por eso el director del centro exigía “VOTO DE PERSEVERANCIA” al servicio del hospital. Pablo y Juan Bautista lo hicieron así. El director médico, un sacerdote, les confió además la formación espiritual de los enfermos y les sugiere que, por el bien de todos, se preparen para el sacerdocio.

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1727: ministerio sacerdotal

El 7 de junio, el Papa Benedicto XIII los ordena sacerdotes. Pablo tenía 33 años.

La experiencia de San Gallicano les resultó un fracaso muy amargo: de seguir allí no hubieran podido iniciar la fundación de “los Pobres de Jesús”, ni predicar la Pasión de Cristo al pueblo; además su temperamento y sensibilidad no eran los más apropiados para aquella tarea. Se comportaron heroicamente, pero no se podía mantener la heroicidad perpetuamente. Por eso, por medio del cardenal Corradini, obtuvieron del Papa la dispensa del voto de perseverancia y el permiso para retirarse a Monte Argentario. Allí se establecieron en otra ermita de Orbetello, en los límites de los reinos de Nápoles y Toscana. Aquí comienza a configurarse la primera comunidad.

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1737: primer convento y puesta en marcha

En 1730 dieron la primera misión en un pueblo cercano, en Talamona. Unos años más tarde se les unió su hermano Antonio y llegaron otras vocaciones. Hubo que levantar una casa más amplia que la de la ermita. Pablo la llamó “retiro” para expresar el alejamiento del mundo y de las atracciones seculares. El terreno pertenecía al reino de Nápoles, cuyo rey, Carlos (más tarde Carlos III de España) les perdonó el pago de 16 ducados anuales por derechos reales. La casita e iglesia de la Presentación de la Virgen María fueron bendecidas en 1737. Los obispos de las diócesis vecinas pidieron su colaboración para atender pastoralmente a los carboneros, leñadores, pescadores y pastores.

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1741: aprobación oficial de la Nueva Familia

Pablo, que ya tenía escrita una Regla para los “Pobres de Jesús”, solicitó aprobación pontificia. Una comisión examinó el texto y suavizó el rigor penitencial de modo que los religiosos conservaran energías para la vida común y el apostolado. Y en mayo de 1741, Benedicto XIV la aprobó, pero en vez de llamarles “Los Pobres de Jesús”, los denominaba “CLÉRIGOS REGULARES DESCALZOS DE LA SANTÍSIMA CRUZ Y PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO”, con voto especial de promover la memoria de la Pasión de Cristo. Por esta referencia a la “Pasión”, el pueblo comenzó a llamarlos “pasioneros”, “pasionarios”, “Padres de la Pasión” y finalmente “pasionistas” (apelativos que, por cierto, nunca usó el Fundador). Después de la aprobación pontificia, todos hicieron la profesión religiosa y cambiaron sus apellidos: Pablo sería siempre en adelante “Pablo de la Cruz” .

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1746: Superior General y primer Capítulo

El Papa otorgó una nueva aprobación de las Reglas, de las que desaparecieron las palabras “Regulares” y “Cruz”, y autorizó la celebración del primer capítulo general: Pablo de la Cruz fue elegido superior general. En adelante dará todos los pasos para abrir nuevas casas o retiros y mantener en ellos la tensión espiritual de la vida común y el apostolado, sobre todo de las misiones en las marismas y en las islas desprovistas de atención pastoral.

Años más tarde, Pablo de la Cruz revive en sus cartas la cruz en que se ha ido gestando su vida de Fundador: “Mi apuro es cada vez mayor y temo que en mi ancianidad tenga que ver que todo se cae por tierra y se convierte en humo”.

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1746: Superior General y primer Capítulo

Desde que Benedicto XIV aprobó las Constituciones, la Congregación, como un árbol joven, extendió sus ramas, no sin notable oposición de algunos sectores interesados: Vetralla (1744), Soriano (1744), Ceccano (1748), Toscanella (1748), Falvaterra (1751), Paliano (1752), Terracina (1752), Monte Cavo (1758), San José (1761), para los novicios, también en Monte Argentario.

En 1767 pudo abrir en Roma una pequeña residencia hospedería dedicada al Santo Crucifijo.

En 1769 la Congregación se asentó en Tarquinia-Corneto, capital de los etruscos, y se dividió en dos provincias o demarcaciones jurídicas: la situada al norte de Roma bajo el título de la Presentación, y la del sur, en el Lazio, en honor de la Virgen Dolorosa; aquel mismo año hubo nueva aprobación de las Reglas para los “Clérigos Descalzos que militan bajo el estandarte de la Santísima Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”.

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1771: nueva expresión de vida

Desde 1735 Pablo de la Cruz daba vueltas a la idea de abrir un monasterio de Religiosas Pasionistas; su penitente Lucía Burlini, que le animaba a la empresa, las llamaba “Palomas del Calvario”. Pero lograr la fundación requería un sinfín de trámites y viajes, mientras Pablo estaba muy ocupado en las misiones o en el gobierno del Instituto y, además, sufría bastantes problemas de salud, especialmente artrosis. Pero, por fin, vio cómo se abría el primer monasterio Pasionista femenino en Tarquinia, el 3 de mayo de 1771.

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1773: asentarse en Roma: un regalo

En este año, Clemente XIV le permitió abrir en Roma una casa de mayor solera con una hermosa basílica consagrada a los santos mártires Juan y Pablo; es decir, con los mismos nombres que los dos hermanos Danei, Pablo y Juan Bautista. En ella presidió el último capítulo general y recibió la aprobación definitiva de las Reglas.

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1775: culminación de una vida

El 18 de octubre, fallece en Roma, en San Juan y Pablo, tras haber fundado y dejado en marcha un proyecto realmente sugerente.

En sus casi 82 años había participado en unos 230 cursos apostólicos (misiones y ejercicios espirituales), y escrito muchas cartas de dirección espiritual: se conservan poco más de 2.000, en tres categorías: a) a familiares, amigos y almas dirigidas; b) circulares al instituto o cartas a sus religiosos; c) a extraños por asuntos diversos. La mayoría han sido publicadas.

Pablo de la Cruz no logró ver realizados dos sueños apostólicos: a) una misión “ad gentes”, y b) el establecimiento en Inglaterra para favorecer la vuelta de los anglicanos a la comunión con la Iglesia Católica. Estas ilusiones llegarían a realizarse andando el tiempo. Pablo de la Cruz legó a la Iglesia la generosidad de su vida apostólica, una espiritualidad específica que se alimenta de la Pasión de Cristo, y un racimo de 166 religiosos profesos.

 

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Modelo de seguidor

Como era muy sólida la fama de su santidad, se iniciaron pronto los procesos de Beatificación y Canonización; pero las difíciles circunstancias socio-políticas hicieron lento el camino: la Revolución Francesa, la invasión napoleónica en Italia, la supresión de las comunidades religiosas, los movimientos de unidad italiana contra el Papa, la expropiación de los estados pontificios, las revoluciones burguesas... Por fin, Pío IX lo beatificó el 1 de mayo de 1853 y lo canonizó el 29 de junio de 1867. Sus reliquias se veneran en la hermosa capilla, inaugurada en 1880, adosada a la basílica de los Ss. Juan y Pablo.





 

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